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Steffe retomó la historia pero esta vez no le prestaba atención, me dedicaba a ver las gruesas gotas que caían por el cristal mientras el tren avanzaba por los pintorescos pero algo tristes paisajes de una Francia olvidada por su civilización.
Después de unas 4 o 5 horas de viaje abrí mis ojos y me di cuenta que me había quedado dormido. Mire hacia mi derecha y podía ver que Steffe seguía media adormecida en el asiento, con el libro en su regazo, así que solo le coloqué una pequeña almohada y tome una cobija y la arropé para que no sintiera frío. Cerré la puerta corrediza y sali hacia el vagón comedor.
Siempre lo he dicho, los viajes en tren me causaban un apetito muy voraz, además no había desayunado nada desde que salimos de montecarlo, así que seguí por el pasillo hasta llegar al vagón comedor. Tomé un poco del pavo del buffet y comí exquisitamente, mis papilas gustativas tocaron el cielo pero mis oídos tocaron la gloria cuando escuché una voz, una voz tan angelical que me distrajo totalmente de la comida. Su nombre, Margaret, una cantante que se presentaba todos los días en el vagón comedor, acompañada de un pianista que vestía con un pantalón negro y una camisa beige.
Margaret era bellísima, sus rizos dorados y sus ojos verdes ópalos me ponían a pensar, y me inspiraba para pintorretear en mi libreta de dibujo. Me le acerqué al finalizar su canción y le felicité.
-Tiene una linda voz mademoiselle- dije yo en un tono encantador.
-Merci, merci beacoup monsieur….
-… Monsieur Kullrich, para servirle- respondí yo mientras que como todo un caballero me inclinaba para terminar con una pequeña reverencia.
-Echanté monsieur Kullrich. Mi nombre es Margaret Dubois como ya ha de saber...- dijo mientras me observaba como tratando de grabar toda la escena en su memoria.
-Pues si, desde el primer momento que la vi. Supe que debía conocerla- dije yo algo entusiasmado.
-Monsieur Kullrich, me halaga. ¿Desea acompañarme al bar para invitarle algo de tomar?
-Por supuesto, vamos.
Acompañe a la dama hasta la barra del bar, y mientras caminábamos hacia las sillas me puse a detallar cada segundo con mis ojos, era como si quisiera memorizar este momento por que posiblemente no iba a poder disfrutarlo otra vez.
-una copa de oporto por favor…-dijo Margaret muy confiada, al parecer era lo que tomaba periódicamente mientras viajaba por el tren.
-De inmediato mademoiselle Dubois, ¿y para el caballero?- dijo el joven barman
-Syrah, a temperatura ambiente, si’l vous plaît
-noto que le gusta el vino tinto monsieur Kullrich
-¿Por que lo dice Mademoiselle?
- por es pequeña gota que se le nota en su camisa- dijo Margaret mientras tocaba con sus manos mi pecho y señalaba la diminuta gota de vino
- veo que es muy observadora, se parece mucho a mi asistente Steffe, lastima que esté dormida, se la presentaría con gusto.
- y, ¿a que se dedica?
- Pues Mademoiselle, soy investigador, me han llamado desde Malta para investigar algo que sucedió en el museo de arte egipcio de Paris.
-Muy interesante, he escuchado algo al respecto, los pasajeros no son nada discretos cuando se trata de conversar los tópicos de la vida actual.
-Es tan triste que halla ladrones de antigüedades en este mundo- musite lentamente en el oído de mademoiselle Dubois.
Ella se sonrojó y mientras el barman servia las bebidas seguía hablando acerca de muchas cosas mientras ambos tomábamos lentamente nuestras bebidas. Pude ver a Steffe muy cerca del buffet, algo que podría decirse que era muy común al tratarse de Steffe.
Mademoiselle Dubois disfrutaba de mi compañía mucho, al igual que yo, disfrutaba ver su sonrisa amplia y sus delgados y finos labios pero sabia que esto no duraría mucho ya que en unas 4 horas ya llegaría a la estación parisina de Gare d'Austerlitz. Mientras yo la miraba a ella y ella al vacío, pude observar que a pesar de su cabello rubio, mademoiselle Dubois se parecía mucho a Lucile. Su mirada suave, su blanca tez, las palabras que salían de sus labios, me hacían suspirar con solo pensarlo.
-¡Carlos!- gritó Mademoiselle Dubois mientras e arrojaba a los brazos de un hombre mayor, como de unos 40 años de edad, su piel era morena y sus ojos eran azules como el mar Mediterráneo. Yo me quedé mirando a la pareja mientras terminaba de tomar mi copa de Syrah.
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La noche fue un poco larga para mi, podía ver como Steffe soñaba con las maravillas de Paris mientras que yo solo miraba desde mi pequeña cama el resplandor de la luna que titilaba al conjunto con las estrellas y sin darme cuenta quedé totalmente dormido, como si la luna me arrullara cada vez que la observara.
Steffe me despertó con una gran sonrisa en la cara, ya había llegado el día que llegaría a mi natal Paris, y el tren salía en un par de horas. Me mojé la cara solo para despertar del todo, podía ver lo entusiasmada que estaba Steffe por su rostro y también porque todo estaba a la perfección y no podríamos salirnos del itinerario en todo el día. Bajamos al Recibidor y allí estaba Marie, Con su sonrisa tan benévola que no podía hacerle daño ni siquiera a una mosca aunque quisiera, pagamos nuestra pequeña estadía en el hotel y después de darle una generosa propina salimos hacia la estación de trenes.
Al llegar y ver las personas y el anden numero 7, mi corazón latía fuerte, ya sabia como se sentía Steffe, la gran emoción que todos sentimos, solo que unos las expresan mas que otros. Le di un gran abrazo a Steffe y con los boletos en mano subimos al tren de las 11:00. Caminamos por el corredor del tren mientras que buscábamos nuestro camarote privado, en ese momento pasaban muchas cosas por mi cabeza, lo diferente que serian las cosas si estuviese con Lucile en este momento, solo quería olvidar todos estos recuerdos que me atormentaban cada noche y cada día y el horrible sentimiento de culpa que me quedaba por que si, si soy culpable de dejarla sola y desnuda en el trasatlántico.
Entramos al Camarote y nos sentamos, uno frente al otro. Steffe me conocía muy bien, sabia que quería el lado de la ventana y de lo mucho que me gusta ver los parajes de los viajes que hacemos mientras que yo saco mi pequeña libreta y me pongo a pintorretear los detalles mas encantadores de las estaciones del año. Steffe solo sacó uno de los libros que había comprado en la pequeña ciudad de Montecarlo y solo se puso a hojearlo, al parecer estaba muy emocionada por el viaje que ni siquiera podía leer, solo quería llegar. Yo por mi parte me acomode en el cómodo asiento de cuero marrón mientras me asomaba por la ventana y veía las gotas de lluvia caer por el vidrio, pensando la nueva aventura que me tocaría, como estaría mi querida hermana, o como estaría la casa después de todos estos años.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la puerta corrediza, y un joven muy agraciado se asomo por ella. Su sombrero negro delataba su oficio en el tren, era el boletero y venia a sellar los boletos antes de partir. Les di muy amablemente los boletos y después de sellarlos se despidió con una sonrisa y cerró la puerta con delicadeza. Steffe se veía totalmente asombrada, creo que le había gustado un poco el boletero, pero esto como siempre no me afectaba, ya estaba acostumbrado a la actitud romántica de mi asistente.
-Un chico muy amable ¿no Steffe?
-Usted lo ha dicho Monsieur Kullrich, me parece que este será otro de mis amores imposibles.
-¿Por qué lo dice querida amiga?- respondí con un tono muy triste, no me gustaba ver a mis allegados tristes.
-Por que si no se dio cuenta, está casado… ¿no le vió la argolla?
-Querida Steffe creo que has aprendido bastante de nuestro negocio, ni siquiera yo me di cuenta de eso. Usted si tiene una buena vista. Creo que por eso usted es mi asistente y siempre lo será.
-Merci, Merci Beacoup Monsieur Kullrich, usted ha sido mas que un jefe para mi, ha sido un buen amigo- dijo Steffe mientras se arreglaba para empezar a leer una de esas novelas románticas y empalagosas.
Yo por mi parte veía como avanzábamos poco a poco por los rieles del ferrocarril, íbamos saliendo de la ciudad de Montecarlo la verdad la idea de llegar a Paris me parecía cada minuto mas gratificante.
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Steffe había comprado los boletos que costaron menos de 20 francos. El bote era menos refinado y mucho más tosco pero también muy veloz ya que nos llevaría a Niza en 30 minutos. Podría tomar algo de comer, pero desde que dejé el crucero he perdido el apetito. Subí con gracia hacia el bote y me puse a pensar viendo el largo y profundo mar.
Los treinta minutos pasaron muy rápido, ya era de noche, Steffe y yo temíamos encontrar un hotel pero luego recordé un pequeño lugar donde había pasado un crimen que yo resolví y hacia allá nos dirigimos. Entré a la calle Montsviet que se encontraba cerca de un pequeño callejón cuyo nombre no podía recordar y el letrero se encontraba tan lejos que no lo podía distinguir. Esperé a Steffe en la entrada de hotel Tôtelmout mientras que me limpiaba los pies con la pequeña alfombra que me quedaba justo frente la pequeña puertecilla de cristal. Sabía que la buena de Marie nos daría hospedaje por una larga noche, y que nos estaría esperando con un plato bouillabaisse caliente que podría decir que fue muy reconfortante y era el mejor que había comido en mi vida aunque nunca había comido ninguno.
Dormí placidamente en mi pequeño catre que no era muy cómodo pero ya estaba acostumbrado a dormir en catres y mi espalda también. El susurro del mar me dormitó y aunque ya estaba en tierra sentía el vaivén del océano.
A la mañana siguiente el día empezó como un día común en Montecarlo, estaba el caliente sol del mediterráneo y las personas salían a disfrutar las heladas aguas del mar.
- Bienveniu a Montecarlo dijo Steffe con un tono muy alegre que particularmente me recordaba a la animadora del crucero.
-Bonjour mademoiselle Steffe, si desea puede pasear por la ciudad mientras pago la cuenta del hotel y compro los boletos del tren- dije yo con voz suave y algo soñolienta.
-Merci monsieur Kullrich. Llegaré puntual a las 9:30 para nuestro viaje en tren.
-De nada Steffe, puede irse a divertirse.
Y así Steffe se fue, vagando por las pintorescas calles de Montecarlo mientras que yo seguía los rieles del tren tratando de no salir de mi intinerario. Después de caminar aproximadamente unos 7 minutos sin rumbo fijo me detuve al lado de un anciano que estaba sentado en un banco negro y le pregunte en donde estaba la boleteria del ferrocarril y el amablemente señaló una caseta roja y blanco donde claramente se podía ver el aviso de la “guichet” así que les di las gracias y seguí mi camino hacia la boleteria. Podía comprar boletos de segunda clase pero me decidí por la case alta, esta experiencia en el crucero me dejo un mal sabor de boca así que preferí la comodidad del VIP. Regrese algo malhumorado al hotel Tôtelmout pues el taquillero fue algo molesto conmigo pero no lo culpo, estar sentado solo apretando un botón es el trabajo mas aburrido del planeta y creo que básicamente por eso estaba tan malhumorado. Como el equipaje ya estaba listo tenia algo de tiempo para holgazanear pero mientras que descansaba en la incomoda cama de pino barato me preocupaba por Steffe pues me dijo que regresaría a las 9:30 de la mañana y ya habían pasado ya mas de 6 horas y no llegaba todavía. Sentía que le había pasado algo malo, mi creatividad me estaba jugando bromas, me imaginaba que tal vez había llegado en una de esos callejones peligrosos pero aunque sabia que Steffe sabia cuidarse muy bien aun estaba preocupado por ella.
Steffe me despertó groseramente cuando cerró la puerta muy fuertemente, y en eso mire mi reloj, eran exactamente las siete menos veinte minutos de la tarde, mientras me calmaba de la preocupación de Steffe, ella me explicaba por que habia llegado a esa hora, estaba atiborrada de ropa nueva, souvenirs, fichas de casino y baratijas sin importancia. Tomé algunas postales del bolso de Steffe y las guardé en mi valija y en un momento pensé: “Si Steffe fuera mas ahorrativa, podríamos viajar en primera clase siempre”.
Salí de la habitación un poco apurado. Necesitaba ver a Steffe de inmediato. Pasé por la popa y vi hacia el horizonte como aquella noche. La Isla de Chipre se notaba apenas, estaba tan lejana y tal vez mañana llegaríamos a nuestro primer destino.
Subí las escaleras tomando rumbo hacia la pista de baile, aunque no sabia que era lo que hacía en ese lugar. Tal vez buscaba a Steffe muy relajada leyendo un libro. Quería agasajar a Steffe a una cena para celebrar el viaje hacia Ajaccio.
Fui con Steffe hacia el Restaurante y me senté a esperar un camarero. Después de comer una rebanada de bagette avec pâté y tomar una copa de Malbec dulce pensaba en millones de cosas. Steffe hablaba como demente y yo aunque asentía con la cabeza cada vez que terminaba una oración, no la escuchaba para nada.
Después de la cena tenía sueño, el vino estaba haciéndome efecto y aunque los sonidos de la cocina estaban como siempre de insoportables, me quedé dormido muy profundamente.
Ring – sonó el servicio despertador de la habitación, eran las nueve de la mañana, aunque yo era muy activo esta mañana me quedé con ganas de quedarme en cama pero no podía, tenia que cumplir con el compromiso que le hice a mademoiselle Porter. Me limpié la cara y me cepillé los dientes con cuidado para que no me lastime mis encías. Me vestí y me arreglé para dar mi paseo matinal.
Hice el mismo recorrido que el día anterior buscando el camarote numero 457. Toqué la puerta y apareció mademoiselle Porter con una Blanc Chemisier y una falda larga negra. Su cuello con gracia me recordaba la muñeca de porcelana de mi hermana, blanca, sutil y esa joya negra que se asomaba por el escote de su Chemisier era sencillamente exquisitamente delicada y extraña que me asombraba y me agradaba a la vez.
Paseamos por el área de juegos de la cubierta, el club, la sala de baile y finalmente entramos al restaurante “Bella Piazza”. Ambos deseábamos desayunar y mi estomago rugía del hambre que tenía. Nos sentamos cómodamente en una de las mesas más lejanas y al ver un camarero, empezamos a ordenar.
Sil’ Vous Plait me puede dar el desayuno del día acompañado de un Cappuccino Espumoso – dije yo con un poco de apuro.
Oui, Monsieur y l’ Mademoiselle que desea – respondió el mesonero.
Yo quiero lo mismo que ordenó Monsieur Kullrich.
Buena Elección para Ambos – dijo el mesonero mientras se acercaba al bar.
Hubo un incomodo silencio al principio, yo no sabia que decir en ese momento y sin pensarlo dije: - ¿Es usted casada?
No Monsieur, ¿Por qué lo dice?
Por el anillo de su dedo Anular mademoiselle.
Monsieur Kullrich, el anillo es solo una vieja tradición familiar. Incluso este mismo anillo ha estado en mi familia por 3 generaciones de mujeres y un día espero dárselo a mi hija.
Está bien, la entiendo. En la casa de mis padres en París mi abuelo me Entregó a mi un libro donde todos mis antepasados escribieron Consejos y yo lo tengo que seguir dándoselo a mis hijos cuando tenga uno. Por cierto, me encanta el color de sus ojos, parecen brillantes Esmeraldas.
Merci, merci beacoup monsieur Kullrich.
Al llegar la comida todo se hizo más tranquilo y placentero. Disfrutaba tanto la comida como la compañía de una hermosa dama. Me daba cuenta que ella me coqueteaba y yo le respondía con frases y halagos bonitos. Al terminar de comer me levanté de la mesa, solo por que me sentía un poco incomodo. Ella me tomó la mano y sin pensarlo mucho la halé y le di un beso, un beso muy inesperado para ambos al que ella respondió de una manera increíble. Besaba Espectacularmente. Tanta succión, tanto sabor, nadie me había nunca besado de esa forma. Al terminar me disculpé con ella y le dije que no era mi intención. Ella tomó una servilleta y después de limpiarse los labios tomó una pluma fuente y escribió en la misma servilleta y con letras grandes: ¿Deseas que nos vallamos a mi habitación?
Al leer el ligero pedazo de papel, me ruboricé por completo y pensé que como todo caballero no debía aceptar pero como hombre si la rechazaba no tendría otra oportunidad como esta. Tomé el pedazo de papel y lo guardé en mi bolsillo. Pedí la cuenta y me fui a la habitación con la dama. Entramos en el camarote y lo que menos faltaba eran los besos y caricias. Nos acostamos en la cama y después de una larga sesión de besos se me hizo un poco confuso y no puedo recordar lo que pasó después.
Desperté a lado de Lucile y miré hacia el techo. Había convertido una cita casual en una cita amorosa. Al oír la campana me vestí y tomé una pluma del escritorio de Lucile y escribí una carta:
Querida Lucile.
No quería que esto terminara de esta manera. Convertimos esto en algo que no quería. Debo partir hacia Niza.
Siempre tuyo
Antonin Kullrich
Al salir del camarote me sentí algo culpable. Fui a hacia la habitación de Steffe y ella tenia todo ya arreglado y el equipaje listo. Bajé del barco, pensando que pasaría si me hubiese quedado con Lucile. Salí completamente del crucero y me senté a esperar que el crucero zarpara y despareciera en la lejanía.
Cuando escuché las palabras Ir y París en la misma oración mi corazón latió cada vez mas rápido. Había esperado este momento toda mi vida, por años había viajado por el mundo. Roma, Atenas, Londres pero mi corazón pertenecía a mi amada París.
Comprar los boletos fue difícil en el puerto Acantu, ningún barco zarpaba hacia Niza, así que puse en práctica una estrategia muy acertada: tomaría un trasatlántico hacia Ajaccio y allí Steffe me encontraría boletos para un bote de motor de carbón. Esta pequeña odisea tomaría exactamente 4 días, para el jueves ya estaría en Niza pero faltaría tomar el tren hacia París.
Subimos al “Eleonore” al amanecer. El capitán con gusto saludaba a los pasajeros y la asistente que tenía una sonrisa un poco molesta, parecía una especie de muñeca de porcelana y además era demasiado amable que daba un poco de miedo.
Entré al salón principal y todo estaba delicadamente decorado. Le pregunté a Steffe él numero de la habitación y ella me dijo un poco resentida “502” baje hacia el camarote y no era lo que yo me había esperado. La habitación se encontraba exactamente al lado de la cocina y tenia una pequeña ventanilla que daba hasta la piscina una de las áreas mas concurridas. Los ruidos de la cocina eran insoportables y aunque los platillos eran deliciosos, los olores se mezclaban haciendo un horrible desbarajuste en mi nariz. La primera noche no pude dormir nada. Solo pensar en los platos y ollas tintineando me tenían en estado de insomnio. Veía a Steffe en la cama durmiendo y me sorprendía que podía dormir tan plácidamente con tanto ruido o de seguro eran las seis copas de vodka que se tomó en el bar.
Salí de mi aposento y tratando de recordar el camino para salir a la cubierta exterior subí hasta el punto más alto del crucero y miré al infinito. La noche estaba muy clara y la luna estaba particularmente brillante. Me asomé por la borda. El aroma del mar salado era muy refrescante y particularmente delicioso. Me quedé muy pensativo con la vista en el horizonte pensando la aventura que me perseguiría hoy. Volví al camarote exhausto y me recosté en mi cama viendo el techo panelado de madera.
Al parecer me había quedado dormido, el viaje estaba haciendo efecto y estaban totalmente cansado además los ruidos de la cocina no terminaban nunca y puede ser que también me canse de los ruidos. Steffe me despertó y al abrir los ojos me encontré que tenía puesto su bañador. No me parecía atractiva por que era mi ayudante pero muchos hombres la deseaban y eso me encantaba solo por el hecho de que era mi amiga leal.
-Monsieur Kullrich, voy a la cubierta a bañarme en la piscina, me encanta el agua fría de la mañana – dijo Steffe alegremente.
-Oui mademoiselle, valla a divertirse – dije yo un poco consternado.
-Merci beacoup Monsieur Kullrich, usted también debería divertirse un poco.
-Merci pour l’ suggestion creo que lo haré mas tarde – dije todavía desorientado.
Los ruidos de la cocina eran aun más insoportables en el día, así que me duché y me vestí y salí del camarote y pasando cerca de la sala de baile me senté en el bar para tomarme un trago. Noté que no había tantas personas como en la cubierta y eso era agradable ya que no me gustaba mucho el bullicio. Pedí un trago de mi bebida favorita un Sauvignion Blanc y el cantinero que era un buen hombre solo abrió una botella de Meunier y me sirvió una copa. Disfrutaba mucho mi bebida, miraba a los extremos del bar y veía personas disfrutando del crucero. Estaba un poco distraído mientras observaba a mí alrededor cuando una dama me llamó la atención. Era pelirroja o más bien castaño rojizo. Su cabello era muy llamativo y muy hermoso en contraste con su blanca piel. Sus ojos verdes oliva eran preciosos y leía un libro de filosofía griega o al menos eso fue lo que noté. Se levantó con elegancia de la mesa y dejó una jugosa propina al mesero. Al instante y sin yo notarlo ella no estaba, había desaparecido pero noté que la dama había dejado su libro. Dejé la copa vacía en la barra y me acerqué a la mesa, tomé el libro y solamente abrí el libro y en la contraportada se encontraba escrito:
Mademoiselle Porter.
Los sueños se hacen realidad si uno lo desea con el corazón.
Habitación 457.
Me quedé helado en solo pensar de nuevo en ella. Releí de nuevo el escrito y pensé que el número que se encontraba podría ser el de su habitación en su lugar de residencia o podía ser el de su camarote. Me llevé a mi habitación el libro de filosofía griega. Al llegar noté que Steffe estaba totalmente roja como langosta y decía que se había totalmente arrepentido de haber tomado tanto sol. Coloqué el libro en la pequeña mesita de noche que se encontraba cerca de la cama y me acosté en la cama soñando despierto.
Desperté sobresaltado, el libro cayó al suelo. Salí todavía soñoliento y un poco alterado por mi sueño tan pesado. Entré al baño y me limpié la cara. Al mirarme al espejo ví que tenía ojeras gigantes, pero no me importaba ya que las imperfecciones no me afectaban para nada. Salí del baño y fui a la cubierta a tomar aire fresco. La cubierta estaba muy fría, el aire pesado y muy nublado. Pensé que esta combinación haría de un bello viaje soleado uno gris y frío. Subí por las escalerillas y llegué hasta el mirador del crucero. Hacía frío pero no estaba lloviendo. Me senté en una de las cómodas sillas que estaban y leía otra vez el escrito que se encontraba en la contraportada con letra cursiva grande y con un toque elegante. Al terminar de leerla por sexta vez me armé de valor y bajé a los camarotes. Busqué el camarote 457 la cual estaba muy lejos del mío. Este se encontraba en el Ala Este cerca de la popa. Me sorprendí por esta parte del barco, era muy elegante y tan tranquilo que se podía escuchar las olas golpeando el casco de la popa. Al encontrar la puerta me asusté así que respiré hondo y toque la puerta de roble y recibió la hermosa dama que me había llamado tanto la atención.
-Excuse moi, Usted es Mademoiselle Porter.
-Oui, ce moi – respondió la dama con voz interesante.
-Déjeme presentarme, me llamo Antonin Kullrich y me supongo que ayer usted dejó su libro de filosofía en el bar.
-Ohh es cierto hoy estuve como loca buscándolo por todas partes. Desea entrar a tomar una taza de té Monsieur Kullrich.
-Merci, merci beacoup mademoiselle.
Entré hacia el camarote de mademoiselle Porter muy cuidadosamente. Inspeccione minuciosamente la habitación. Estaba limpio y lujoso, era espacioso y sobre todo tenía mucha clase. Mademoiselle Porter tomó el libro y lo puso encima de la mesa de comedor y se sentó en el sillón mas mullido del salón. Me senté al frente de ella y le pregunté:
-Commen’t ce vous mademoiselle?
-Me siento bien, gracias por preguntarlo – respondió mademoiselle Porter.
-Mademoiselle Porter, he notado que ha estado un poco perturbada. ¿Que es lo que le molesta tanto? – pregunté viéndola directamente a sus verdes ojos.
-Monsieur Kullrich, si quiere me puede llamar Lucila, no tiene que ser tan formal.
-Está bien Lucile, pero no me respondió la pregunta. ¿Por qué está tan trastornada?
-Verá Monsieur Kullrich, he estado tan desorientada y despistada últimamente. Pierdo todo como se ha dado cuenta.
-Lucile yo soy detective, puede contarme lo que sea, como detective tengo la obligación de tener todas mis conversaciones en secreto.
-Tré bien Monsieur Kullrich. Siempre me ha encantado viajar, puedo pasar toda mi vida viajando por el mundo e ir conociendo lugares exóticos pero estoy atrapada en una vida de presión por mi trabajo. Voy a Portugal a encontrarme con mi representante.
-¿Usted es cantante o actriz? – respondí yo un poco curioso.
Monsieur Kullrich Yo soy cantante de opera clásica.
-Muy interesante mademoiselle, pero me podría decir la hora.
-Oui Monsieur Kullrich, son las seis menos veinte minutos.
-El tiempo pasa volando ¿verdad? – respondí un poco apresurado.
-Monsieur Kullrich, le gustaría salir a pasear como a las diez de la mañana.
-Me encantaría mademoiselle Lucile. Paso por usted mañana
-Tré bien, nos vemos mañana.
-Su vestido esta precioso-Dijo Lorena con un tono magnifico -Merci, Bonne Lorena- Dijo Madame Delacour Jactándose de su belleza. Agnes se encontraba en la habitación limpiando el amplio closet de Madame Delacour, cuando se cayeron unas cartas incluyendo una diminuta caja de música o al menos eso parecía. Agnes tomó ambas cosas y lo guardo cuidadosamente en su bolsillo tratando de que Madame Delacour no se diera Cuenta de lo sucedido. La Habitación de Madame Delacour tenía un adorable violeta mientras que su ropa de cama era de un azul oscuro. Por esa decoración Agnes podía deducir que su jefa no era tan delicada como lo demostraba ella si no que también tenia una parte muy audaz y nada predecible. Después de notar la decoración del cuarto, Agnes salió silenciosamente como un fantasma por la puerta. Dorothy acicalaba a Madame Delacour que parecía estar de un buen humor por que iba a ir a ver su opera Favorita desde niña: " Carmen". Pero Dorothy no se quedaba atrás decía que Madame Delacour no iba solo por eso, también iba por un hombre, no cualquier hombre, si no el famoso director de la orquesta filarmónica de Alemania. Karlf Kronfuss. Agnes Ya sola en su cuarto y mientras nadie la veía saco la diminuta caja de música de Madame Delacour. Al abrirlo salió música y sonaba una bella Sonata. Saco las cartas y abrió una. Tenía una bella fotografía De Madame Delacour y Su esposo James y detrás de esta fotografía se podía leer un pequeño escrito:
"Katherine: Mi cielo, El amor de nuestros corazones arderán por siempre y aunque la muerte es mi compañera ahora, en la otra vida nos volveremos a encontrar. Recuerda que el matrimonio es hasta que la muerte nos separe, pero el amor nunca se acaba"
Después de leer esto Agnes se sintió muy conmovida, por lo q se levantó y dejó las cartas sobre la mesa y se relajo en su cama con la cajita de música sonando. Al cabo de 5 minutos o al menos eso es lo que Agnes Creía que había pasado, por que el tiempo había pasado volando pasaron mas de 9 horas. Agnes Se levanto sobresaltada pensado en lo que tenía en sus manos, la caja de música, las cartas y todo lo que había encontrado en el armario de Madame Delacour. Agnes bajó las escaleras hacia el lobby y encontró a Madame Delacour de la mano de un hombre alto, cabello castaño, ojos que parecían color miel y un bigote sumamente limpio. Al parecer Agnes ya había visto ese rostro antes en alguna parte Lorena se le acercó a Agnes y empezó a decirle: - Finalmente conozco al acompañante de Madame Delacour se trata del famoso director de orquesta Karlf Kronfuss. - En serio- dijo Agnes Sorprendida y medio soñolienta - Oui, nunca lo hubiésemos averiguado- dijo Lorena con cara de cínica. Madame Delacour se veía tan sorprendente y radiante. Nunca nadie la había visto así. Solo cuando estaba con James. Su difunto Esposo. Madame Delacour mando a la servidumbre a la cocina, quería una cena Espectacular en tan solo 2 horas. A las 10:00 PM. Debería estar la comida dispuesta. Agnes Tenia todavía la pequeña caja de música y las cartas en su bolsillo y no se dio cuenta hasta que casi por accidente la tira al Suelo. Así que mientras Lorena y Dorothy picaban la carne para el Carpaccio. Agnes subió por las escaleras de servicio hasta la habitación contigua de Madame Delacour. Entró a la habitación y se dirigió hasta el ropero. De noche el cuarto se veía muy diferente, en realidad asustaba. Parecía otra habitación. Entró al ropero oscuro y encendió la bombilla del armario y cuando iba a devolver las cartas y la pequeña cajita de música se escucharon pasos y Agnes Se quedó en el Armario Petrificada pero con suficiente Conciencia ya que cerró la puerta rápidamente y apagó las luces al instante y todavía asustada por el momento impactante Agnes podía ver por una ranura del Armario. Se encendió la luz de la habitación era Monsieur Kronfuss con Madame Delacour. La verdad Agnes pensó que era un alivio pero si Madame Delacour la hubiese sorprendido la hubiese despedido de inmediato. Agnes se quedó bien callada pero su respiración agitada la delataba aunque nadie lo notó. - Yo te quiero Katherine y siempre te querré- Dijo Monsieur Kronfuss - Siempre escucho lo mismo pero siempre queda en desgracias- Respondió Madame Delacour. -Por que tan Decepcionada - Dijo Monsieur Kronfuss -Murió mi esposo, es mucho pedir decirle que estoy de luto.- Respondió Madame Delacour. -Tu luto termina dentro de 5 meses por que no lo mantienes en secreto y lo terminas ahora - Dijo Monsieur Kronfuss. -Lo siento Karlf, pero no puedo hacerlo, Mejor bajemos al comedor, Creo que la comida esta lista - Dijo Madame Delacour mientras salía de la habitación. Cuando Madame Delacour y Monsieur Kronfuss salieron de la habitación, Agnes se sintió aliviada de nuevo, Colocó cuidadosamente la caja en su lugar, tratando de que cuando Madame Delacour apareciera no notara la diferencia.
Aunque Trataba de tener cuidado, la joven e intrépida Agnes se escabulló por las escaleras para que las chicas no se dieran cuenta de su ausencia. Agnes pensó en lo que había escuchado mientras que se encontraba en el armario y nunca habría creído lo mucho que Madame Katherine Delacour amaba a su esposo pero quería enamorarse. Al final la cena fue un éxito, El Carpaccio, el pato y el postre fueron insuperables y sorprendentes y al final brindaron por la maravillosa comida y también por el buen trabajo realizado por las doncellas. Después de brindar con Champagne, Dorothy sacó la tetera de porcelana china con una infusión de hierbas milenarias y té verde japonés y colocando las tazas sobre la mesa sirvió un poco a cada uno de los invitados a cenar. Mientras tomaban el té Madame Delacour hablaba con Monsieur Kronfuss, Dorothy Salió de la habitación con una risa un poco maliciosa y satisfactoria. Dorothy fue a la cocina y mientras dejaba la tetera en una de las encimeras de la cocina empezó a hablar de lo que había escuchado en el comedor. Al parecer Monsieur Kronfuss se quedaría a dormir esa noche en la Mansión D´ Lancré y Madame Delacour se encontraba muy feliz por eso...
La tarde era fría y lluviosa. El viento soplaba y traqueteaba los vidrios de la ventana y las pesadas puertas de madera sólida. Siempre en la mansión D’ Lancré se oían ruidos extraños pero que a la vez eran muy convencionales. Estoy totalmente aburrida –dijo Madame Delacour con voz suave y bostezando. Alfred con una bandeja en las manos le servia te a su ama En ese preciso momento sonó el timbre de la mansión y un hombre alto, Cabello negro, de contextura no muy gruesa se asomó por la gran puerta y Recibió a una jovencilla. Le calculaba como unos 28 años, cabello negro corto, piel blanca, ojos grises y una delicada sonrisa en su boca. Acudía a buscar empleo como sirvienta en la Mansión D’ Lancré. Alfred llamó a Madame Delacour y esta dando su último trago de té se asomó por la puerta. La bella pero extraña dama sonrió nuevamente y dijo: -Y ¿ha trabajado con personas distinguidas y bien reconocidas? Preguntó Madame Delacour. -Oh, si yo la conozco, fue la presidenta del club de bridge para damas el año pasado, en si suena muy aceptable. Excuse moi ¿me puede decir su nombre? -Ven entra, Dorothy y Lorena te llevaran a tu habitación. Hoy te dejaré descansar pero mañana te tocará un día muy difícil. Dijo Madame Delacour mientras llevaba a su nueva empleada a la Sala Caracol. Unas damas con uniforme de blanco y negro llegaron y se incorporaron a la escena. La que respondía al nombre de Dorothy era alta, Cabello rubio, lentes perfectos y dentadura perfecta. La que respondía al nombre de Lorena era más delicada y un poco llorosa ya que Agnes se dio cuenta que tenia bolsas bajo sus ojos. -Es hermoso me instalaré en un segundo. No tengo suficientes cosas.-Dijo Agnes. No te preocupes no tendrás que usar mucha ropa aquí. Tu uniforme está en el armario -dijo Lorena con tono animado. -Gracias Lorena Agnes Durmió como un lirón tanto así que se quedó dormida y despertó tarde.
-Excuse moi Madame, vengo a buscar trabajo. He venido desde Lyón a Paris para trabajar como sirvienta pero no he tenido suerte.
- Déjame verificar sus referencias. Dijo Madame Delacour con mucho interés.
- Bueno Soy refinada, trabajadora, simpática, hago lo que sea en casa y también en el jardín...-respondió la joven con mucha confianza
- Oui Madame mi anterior empleo fue con Madame Bijoümerald
-Agnes, Agnes Stanwick
Venga con nosotras, te enseñaremos toda la casa. Hace tiempo que no recibíamos visitas. Me ¿puedes decir tu nombre?- Dijo Dorothy en el pasillo del tercer piso.
-Me llamo Agnes y ustedes como se llaman
-Yo Dorothy y ella Lorena
-Un Placer. Esta casa está exquisitamente decorada- Dijo Agnes Mientras Se Rascaba la cabeza.
-Aquí esta tu Habitación-Dijo Lorena mientras Abría la puerta de la habitación.
- Mañana nos toca a todas limpiar la platería nos vemos en el Salón imperial ¿Te parece?
-Estupendo nos vemos mañana.
Se bañó y se vistió lo mas rápido que pudo y bajo las escaleras estrepitosamente desesperada por encontrar El salón Imperial. Y se puso manos a la obra
Agnes tenía frío así que encendió la chimenea. Calentaba muy poco pero el poco calor que sentía era reconfortante.
Mientras se calentaba sentía que alguien la observaba desde la ventana. A llegar y asomarse a la ventana vio que solo era un joven que se encontraba regando las plantas.
-Disculpe que la halla asustado belle mademoiselle, pero es irresistible no ver a una bella flor como usted- Dijo el jovencillo
-Gracias- Dijo Agnes sonrojada y apenada. ¿Me podría decir su nombre? y ¿Por que no lo había visto ayer?
-Bueno mi nombre es Patrick D' Bavoir y soy el jardinero de la Mansión D' Lancré. Vengo de Dublín y Madame Delacour fué muy amable al ofrecerme trabajo ensucasa. Aunque este haciendo un frío infernal. Se acerca el invierno y preparo mis rosas de frío inclemente.
-Está bien prepararlas, por que si no se secan y en la primaveraflorecen mal- dijo Agnes Sonriendo.
-Por cierto Agnes es un bello nombre, ¿Es ruso? - dijo Patrick
-No, mi abuela era Alemána así que mi hombre también lo es.
-Y ¿de que lugar de Alemania era?
-De Berlín, Justo en la capital. Fue un placer charlar con usted pero me debo ir- dijo Agnes mientras cerraba la ventana
-No, S'il vous plaît, quédese un poco mas- Dijo Patrick sujetando la ventana- Le gustaría Salir a tomar un café o algo.
-Bueno, gracias creo que el viernes es mi día libre- dijo Agnes un poco temblorosa de voz.
-Te parece bien a las 7:00 PM.
-Perfecto, el viernes te pasaré buscando.
-Au revoir Mademoiselle Agnes
-Au revoir Monsieur Patrick.
Después de este encuentro inesperado, el corazón de Agnes latía más rápido y pensaba sin duda alguna que estaba enamorada pero no cualquier amor, sino un amor a primera vista.
Subió a la habitación de Madame Delacour después de terminar de limpiar el salón y aunque agotada y perdida en las diversas galerías de la mansión sabía que unas paredes no la detendrían a llegar a su destino. Al llegar a la habitación notó que tenia un cierto parecido a un palacio vienes. La ropa de cama, las cortinas, un gran vestidor, chimenea, calefacción, sin duda era como estar en otro lugar, un lugar donde Agnes podría pasar toda su vida adentro.
-¡Llegaste!- dijo Lorena con asombro- parece que no te perdiste en lo absoluto. Mis primeros días pasaban horas para encontrar el dormitorio de Madame Delacour.
-Bueno Tuve suerte- dijo Agnes muy tranquila mientras ordenaba la peinadora de Madame Delacour.
Las doncellas ordenaban la habitación pero algo llamo la atención de Agnes. Las bellas Joyas, diamantes, zafiros, oro, plata por cantidades dentro de una pequeña cajita de madera oscura.
-Siempre usa Madame Delacour todas estas joyas - Preguntó Agnes mientras Manipulaba los anillos.
-No las ha usado desde que Monsieur Delacour murió. Madame Delacour Tenia solo 24 años y un día Monsieur James Enfermó. Los doctores dijeron que tenía tuberculosis y al llegar el último día, murió en sus brazos. Su muerte la dejó devastada, no comía, ni bebía nada. Se la pasaba sola en su habitación en si tenia una gran depresión. Monsieur Delacour la quería mucho y ella era tan feliz- dijo Dorothy mientras le mostraba un retrato de la boda Delacour.
-Gracias por compartir esta triste historia- dijo Agnes con voz triste.
-Los empleados Debemos saber la vida de nuestros jefes- dijo Dorothy Sonriendo.
-Es totalmente cierto.-dijo Agnes.
Agnes subió por las escaleras de servicio para poder llegar a su habitación rápidamente. Al llegar una docena de tulipanes se encontraban encima de la mesa.
Agnes sorprendida olió los tulipanes, tomó la nota que se encontraba y la leyó fuerte y conciso: Para: mi querida Agnes
De: Patrick D' Bavoir
Bienvenida a la mansión D' Lancré con todo mi corazón acepte los tulipanes y también recuerde que tenemos una cita el viernes en la noche. Este lista a las 7:00 PM. Estaré esperándola Ansiosamente.
Con mucho amor
Patrick D' Bavoir
Agnes arreglo los tulipanes en un jarrón que se encontraba cerca, la nota la guardó en una caja y se acostó en la cama pensando e imaginando la cita ya que ella poco a poco se habia estado enamorando de ese guapo jardinero irlandes.

